Siguiendo nuestra particular historia del ferrocarril hoy añadimos otra ficha nueva que trata sobre la aparición de los raíles de madera.

Era bien  conocido en la antigüedad  que las carretas circulaban mejor por caminos en los que existiera un surco previamente realizado. Este surco era realizado por simple desgaste de las ruedas contra la superficie de tránsito.

Este camino guiado disponía ya de dos características presentes en el mundo del ferrocarril cuales son el deslizamiento por unas superficies lo más duras posibles así como el movimiento guiado que obliga al vehículo a discurrir por el camino trazado. Pues bien, un paso adelante sería el conseguir esas dos mismas características mediante otro procedimiento como son el desplazamiento mediante  raíles. Ahora instalando los raíles en una determinada posición ya elegimos el lugar por donde queremos transportar nuestras cargas de una manera óptima.

Estamos ya muy cerca de la “aparición” propiamente del ferrocarril. Nos faltaría esa tercera, a mi juicio, característica de este peculiar medio de transporte: la autopropulsión por encima de la vía, pues estas vagonetas que vemos en imagen serían en un principio arrastradas por tracción humana, bien del propio hombre o, para descanso de éste, por animales.